Hay juegos que entretienen durante un rato y otros que terminan convirtiéndose en rituales sociales. El Mahjong pertenece a la segunda categoría.

Sus fichas, con caracteres, números, flores y símbolos, pueden parecer misteriosas para quien nunca ha jugado. Pero detrás de ellas existe una historia que comenzó en China en el siglo XIX; se extendió por Asia y, durante el siglo XX, llegó a convertirse en un fenómeno internacional.

Hoy, el Mahjong vuelve a ganar popularidad como una actividad para reunirse, conversar y, por supuesto, poner a prueba la memoria y la estrategia.

Y aunque aprenderlo puede parecer complicado al principio, la dinámica básica es bastante sencilla: cuatro jugadores, un conjunto de fichas y el objetivo de construir una combinación ganadora antes que los demás.

Foto de Velas Resorts

De China al mundo

El Mahjong que conocemos actualmente surgió en China durante la segunda mitad del siglo XIX. Sus orígenes exactos siguen siendo objeto de debate, pero existe consenso en que el juego moderno se desarrolló a partir de antiguos juegos chinos de cartas y fichas. Los primeros conjuntos conocidos datan de la década de 1870. 

Su popularidad creció rápidamente en China y, con el paso del tiempo, el juego comenzó a viajar fuera del país.

En la década de 1920 llegó con fuerza a Estados Unidos, donde adquirió nuevas reglas y se convirtió en una actividad social particularmente popular entre grupos de mujeres. Esta expansión dio origen a distintas variantes que todavía se juegan en diferentes partes del mundo. 

Por eso, hablar de un solo Mahjong no es del todo preciso. Existen versiones chinas, japonesas, estadounidenses y de otros países, cada una con reglas, sistemas de puntuación y formas de jugar particulares.

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¿Cómo se juega Mahjong?

En su forma más tradicional, el Mahjong se juega entre cuatro personas utilizando un conjunto de hasta 144 fichas. Estas se dividen principalmente en tres palos numéricos —círculos, bambúes y caracteres— y fichas especiales conocidas como honors, que incluyen los cuatro vientos y los tres dragones. Algunos juegos también incorporan fichas de flores y estaciones. 

Cada jugador recibe inicialmente una mano de fichas y, durante la partida, va tomando y descartando piezas con el objetivo de formar determinadas combinaciones.

La estructura básica recuerda a juegos como el rummy: se buscan grupos y secuencias que permitan completar una mano válida. La diferencia está en que aquí no solo importa qué fichas tienes, sino también observar las jugadas de los demás, decidir qué conservar, qué descartar y cuándo cambiar de estrategia.

Por eso el Mahjong combina suerte, memoria, observación y estrategia.

Y ahí está buena parte de su atractivo: incluso cuando las reglas básicas se aprenden rápidamente, dominar el juego requiere mucha más práctica.

Mucho más que un juego

El Mahjong también tiene una dimensión social importante. En China y en otras comunidades asiáticas, las partidas tradicionalmente han formado parte de reuniones familiares y encuentros entre amigos. La mesa se convierte en un espacio para conversar, competir, compartir comida y pasar tiempo juntos.

Cuando el juego viajó a otros países, también creó nuevas comunidades alrededor de él. En Estados Unidos, por ejemplo, los grupos de Mahjong llegaron a convertirse en espacios de amistad, identidad cultural y convivencia. Investigaciones sobre su historia incluso han documentado cómo estas reuniones ayudaron a crear redes sociales que se mantuvieron durante generaciones. 

Quizá por eso el juego ha logrado mantenerse vigente: las fichas son importantes, pero lo que sucede alrededor de la mesa lo es todavía más.

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¿Y qué significa “Mahjong”?

Una de las denominaciones chinas asociadas al juego es má què, que significa “gorrión” o “pájaro gorrión”. La referencia se relaciona con una de las antiguas formas de nombrar las fichas y con el sonido que producen al mezclarse sobre la mesa. 

El término que conocemos en Occidente como Mahjong se popularizó a principios del siglo XX, especialmente a partir de su introducción en Estados Unidos. Así que incluso el nombre que usamos hoy refleja el viaje que hizo el juego desde China hacia otras culturas.

Una nueva forma de descubrirlo en Casa Velas

Ese carácter social es precisamente lo que inspira Bubbles & Bams, la nueva experiencia de Casa Velas en Puerto Vallarta.

A partir de octubre, el hotel boutique Todo Incluido de Lujo solo para adultos incorporará sesiones de Mahjong todos los martes y jueves por la tarde en su Terraza del Lobby.

La experiencia está pensada tanto para quienes nunca han jugado como para quienes quieren volver a sentarse frente a las fichas. Cada partida dura aproximadamente entre 30 y 40 minutos y está diseñada para cuatro jugadores, aunque puede comenzar con un mínimo de dos participantes.

Para quienes se acercan al Mahjong por primera vez, habrá una guía con instrucciones sencillas y el equipo de Casa Velas estará disponible para explicar las reglas y resolver dudas.

Y como su nombre lo indica, Bubbles & Bams añade un elemento más a la mesa: las burbujas. Los huéspedes pueden acompañar la partida con una copa de vino espumoso mexicano o con cocteles como Hugo Spritz y French 75.

Fuera del horario de las sesiones, las fichas y el tablero estarán disponibles para quienes quieran jugar por su cuenta.

Foto de Velas Resorts

Una pausa diferente antes de la cena

La experiencia sucede en la Terraza del Lobby, un espacio donde los huéspedes también pueden disfrutar de bebidas premium y música en vivo junto a la piscina.

Es un escenario que cambia por completo la idea tradicional de una partida de Mahjong. Aquí no se trata de sentarse durante horas a memorizar reglas, sino de descubrir el juego, compartir una mesa y disfrutar de una tarde diferente.

Porque quizá ese sea el verdadero atractivo del Mahjong: no necesitas ser experto para sentarte a jugar.

Solo necesitas cuatro sillas —o dos para empezar—, algunas fichas, curiosidad y ganas de pasar un buen rato.

Y si además hay una copa de espumoso en la mesa, mucho mejor.